viernes, 27 de julio de 2012

El arte de "cómo no hacer las cosas" según Charles Dickens

Hace ya algún tiempo pude conseguir una de las grandes obras del gran Charles Dickens, "La pequeña Dorrit". En esta novela, situada en el Londres del siglo XIX, Dickens relata las desventuras de Amy Dorrit, una joven muchacha nacida en la prisión de deudores de Marshalsea, donde su padre es uno de los presos más antiguos. La pequeña Dorrit es una joven humilde, tímida y trabajadora que siempre antepone al bienestar de su familia a sus propias necesidades y anhelos y que trabaja  como costurera a espaladas de su padre, para que éste tenga un trozo de pan que llevarse a la boca. El otro personaje principal es Arthur Clennam, que vuelve a Londres tras pasar más de veinte años en China, trabajando en los negocios de la familia. Cuando regresa a casa de su madre, quien lo recibe de la manera más fría que se pueda imaginar, conoce a la pequeña Dorrit, se interesa por ella e intenta ayudarla.

La anterior sinopsis no es demasiado expresiva del contenido de esta obra, pero ello se debe a que no es de la novela en sí de la que quiero hablar en este artículo, sino de unos de sus pasajes. El único fin de mi introducción es poner en antecedentes a quien desconozca esta obra, que toda persona ajena a "La pequeña Dorrit" consiga "ubicarse".

En la novela, Dickens habla del llamado "Negociado de Circunloquios", con el cual hace referencia al entramado burocrático, que se puede identificar con la Administración de cualquier país. Se puede observar que ya desde su denominación, Dickens ha querido criticar la falta de eficiencia y la lentitud de los burócratas y políticos que se encargan de tal Negociado, pues "circunloquio" significa, de acuerdo con la RAE: «rodeo de palabras para dar a entender algo que hubiera podido expresarse más brevemente». Y es sobre este Negociado de Circunloquios del que trata el pasaje del que quiero hablar, el cual procedo a transcribir:
"El Negociado de Circunloquios (como todo el mundo sabe sin que se lo tengan que decir) era el Negociado más importante del gobierno. Ningún asunto público podía resolverse en ningún momento sin el visto bueno del Negociado de Circunloquios. Era igualmente imposible hacer el bien más sencillo o deshacer el más sencillo de los males sin la autorización expresa del Negociado de Circunloquios (...)
Esta gloriosa institución había aparecido muy pronto, cuando se reveló con claridad a los hombres de Estado un principio sublime relacionado con el difícil arte de gobernar un país. Fue la primera en estudiar esa brillante revelación y en trasladar su reluciente influencia a todos los procedimientos oficiales. Cuando se tenía que hacer algo, fuera lo que fuere, el Negociado de Circunloquios se adelantaba a todos los departamentos públicos con el arte de descubrir «cómo no hacer las cosas» (...).
Es cierto que «cómo no hacer las cosas» era el objeto de estudio de todos los departamentos públicos y de los políticos profesionales de entorno del Negociado de Circunloquios. Es cierto que cada nuevo primer ministro y cada nuevo gobierno, que habían alcanzado sus cargos porque sostenían la necesidad de que se hicieran algunas cosas, en cuanto tenían poder aplicaban todas sus facultades en descubrir «cómo no hacer las cosas». Es cierto que en el mismo momento en que terminaban unas elecciones generales, los hombres electos que antes habían despotricado en la palestra por algo que no se había hecho, y que habían rogado a los amigos del honorable caballero, de ideas contrarias a las suyas, expuesto a una acusación formal por incumplimiento, que les explicara por qué no se había hecho, y que habían afirmado repetidas veces que tenía que haberse hecho y que se habían comprometido a hacerlo, empezaban a pensar en «cómo no hacerlo» de inmediato. Es cierto que los debates de ambas Cámaras del Parlamento dedicaban todas sus sesiones a la deliberación prolongada de «cómo no hacer las cosas» (...).
Porque el Negociado de Circunloquios avanzaba de un modo mecánico, día tras día, manteniendo en movimiento esa rueda maravillosa del estadista que se llama «cómo no hacer las cosas». Porque el Negociado de Circunloquios se abalanzaba sobre cualquier funcionario mal aconsejado que pretendiera hacer algo o que,por algún pasmoso accidente, estuviera en remoto peligro de hacer algo; y con un escrito, un memorándum y una circular terminaba con él. Era este espíritu de eficacia nacional del Negociado de Circunloquios lo que lo había llevado gradualmente a tener algo que ver con todo."

Este texto, que fue escrito en 1857, refleja una situación política que no es muy diferente de la actual: cuando un partido está en la oposición critica al partido que gobierna, pero cuando llega al poder, hace lo mismo que el que estaba anteriormente...independientemente del color o ideología de cada uno, al final el resultado sigue siendo el mismo: todos se afanan en averiguar «cómo no hacer las cosas», mientras somos la población quien soporta las consecuencias de sus decisiones.

No quiero que se me identifique con una u otra ideología política, porque sinceramente, ni yo misma lo hago. Simplemente quería compartir este fragmento de "La pequeña Dorrit"; al leerlo sentí que la crítica que Dickens realizaba a la política del siglo XIX podía aplicarse perfectamente al momento actual, lo cual me lleva a pensar que, respecto a algunas cuestiones, en siglo y medio no hemos evolucionado tanto como creíamos.

Tras este artículo un poco más serio de lo normal, quiero concluir señalando que "La pequeña Dorrit" es una gran obra y, cuando termine su lectura, escribiré sobre ella, porque la historia que encierran sus páginas bien merece un artículo. No obstante, puedo adelantar que mi crítica será favorable.


Un saludo.

martes, 3 de abril de 2012

La isla esmeralda

Todos los viajes son únicos. Las experiencias vividas en cada uno de ellos son irrepetibles,  las personas que conoces en cada uno de ellos son un hallazgo e incluso me aventuraría a asegurar que hasta los hechos que nos parecieron más desafortunados en su momento se convierten, tras el paso del tiempo, en las mejores anécdotas.

Uno de esos viajes cargados de anécdotas, de grandes momentos y de fantásticas personas fue el que realicé hace ya algunos años a Irlanda. Personalmente, tiene un especial significado, pues supuso el primer viaje que hice como adulta (sin control de padres, ni monitores ni nada por el estilo). Las cosas se ven de forma distinta cuando tienes que empezar a tomar tus propias decisiones, aunque sólo sea por el corto espacio de tiempo que dura un curso de inglés de tres semanas...lo suficiente para disfrutar de la independencia y la libertad que concede estar fuera de tu hábitat natural.

La República de Irlanda tiene una extensión de 70.273 km² y cuenta con una población que supera los cuatro millones de habitantes. Forma parte de la Unión Europea desde el año 1973 y su moneda es el euro. Dublín es la ciudad más grande del país, así como su capital; en 2002 tenía una población de 495.781 habitantes. Cork es la segunda ciudad por su tamaño y porque cuenta con un importante puerto, su población en 2002 era de 123.062 habitantes. Otras ciudades son Limerick (54.023 habitantes), Galway (65.832 habitantes), Waterford (44.594 habitantes).

Irlanda ha sido cuna de grandes escritores, entre ellos James Joyce (Ulises) y Oscar Wilde (El retrato de Doryan Grey). También es la patria de importantes músicos, entre los cuales podemos destacar la banda de rock U2, The Cranberries, The Corrs, Enya... En el ámbito cinematográfico, hay numerosos actores irlandeses que han triunfado en Hollywood, como Peter O'Toole, Pierce Brosnan, Daniel Day-Lewis, Colin Farrel, Jonahtan Rhys-Meyers o Cillian Murphy. Éste último protagoniza una muy buena película sobre la Guerra de la Independencia Irlandesa, El viento que agita la cebada, la cual recomiendo a todos.

El motivo de mi viaje a Irlanda fue realizar un curso de inglés, siendo la ciudad de Cork la elegida para ello, principalmente porque era más barata que Dublín. No he visitado la capital, lo cual es un asunto que tengo pendiente, pero puedo afirmar que Cork es una ciudad que no se queda atrás, pues tiene mucho que ofrecer al turista. Presenta como ventaja que, al ser una ciudad pequeña, es muy cómoda a la hora de moverte de una punta a otra de la misma y, además, está rodeada de otros muchos lugares de interés. 

Localizada a orillas del río Lee, es una ciudad con mucha vida, moderna pero conservando su esencia tradicional, lo cual se percibe nada más observar la arquitectura de sus edificios. Cork cuenta a su vez con una buena oferta cultural, monumental y también es un buen lugar para volverte loca haciendo compras.

Por lo que respecta a la vida nocturna, es el lugar perfecto para perderte en alguno de los numerosos y típicos pubs, en los que podemos escuchar música en directo (actual y  tradicional), mientras disfrutamos de una pinta de buena cerveza irlandesa. También cuenta con discotecas, aunque hay que tener en cuenta que los horarios no son los mismos a los que estamos acostumbrados en España, así que sobre las dos de la mañana suelen cerrar.



Cork cuenta con dos catedrales: la Catedral Católico-Romana, St Mary's Cathedral (conocida comúnmente como la Catedral del Norte) y la Catedral de la Iglesia de Irlanda, St Finbarre' Cathedral.




St. Finbarre' Cathedral


Palacio de Justicia
Otros sitios de interés en Cork son St. Patrick Street, que es la calle principal y donde se encuentran las mejores tiendas; el mercado inglés, la Universidad de Cork, el ayuntamiento y el Palacio de Justicia también cuentan con unos edificios dignos de admirar.



Mercado inglés
Río Lee a su paso por Cork


Catedral del Norte


Cork City Gaol
Ayuntamiento de Cork
Universidad de Cork

Cerca de Cork se encuentra la pequeña localidad de Cobh, último puerto donde paró el Titanic antes de zarpar hacia aguas del océano. Dominando esta ciudad se encuentra la Catedral de San Colman. Personalmente, me encanta el gran contraste que existe entre lo pintoresco y pequeñito que es Cobh y esta gran catedral gótica que se alza captando todo el protagonismo.



Sin alejarnos mucho de Cork, sólo 8 km, otra de las visitas que no nos podemos perder es el Castillo de Blarney. Este histórico castillo es famoso por su piedra (Blarney Stone),  que fue incrustada en la torre del homenaje y, según cuenta la leyenda, concede el don de la elocuencia a todo aquel que la besa. Independientemente de mitos y tradiciones, el castillo de Blarney es visita obligada pues se encuentra muy bien conservado y está rodeado de un paraje realmente bonito.








A continuación quiero hablar de uno de los lugares más impresionantes de Irlanda, aunque para ello hay que alejarse bastante de Cork, llegando casi hasta Galway. Se trata de los Acantilados de Moher (Cliffs of Moher). 






Los acantilados son una de las principales atracciones para los visitantes de Irlanda. Tienen unos 8 km de largo y 214 metros de alto y desde ellos pueden observarse las Islas Aran, la Bahía de Galway, así como Los Twelve Pins, las Montañas Maum Turk en Connemara y el Loop Head hacia el sur.

No puedes abandonar Irlanda sin visitar esta maravilla de la naturaleza. Aunque el viaje sea largo, merece absolutamente la pena contemplar estas vistas.






Como siempre que hablo de una ciudad o país, tengo que hacer una selección y dejarme muchas cosas que me gustaría compartir. Considero que aun de forma sucinta, he expuesto algunos de los puntos fuertes del sur de Irlanda, pero no hay nada mejor que ir por uno mismo a comprobarlo, de modo que no tengáis miedo por el clima, armaros con un buen paraguas y un chubasquero e id a disfrutar del encanto de la Isla Esmeralda, de sus gentes y de su folclore.

Un saludo.

martes, 27 de marzo de 2012

Ciudades Imperiales de Marruecos (II): Marrakech

Marrakech es una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos, junto con Fez, Rabat y Meknes. Fundada por los almorávides en el año 1062, fue la capital del Imperio Islámico y actualmente es una de las ciudades más importantes de Marruecos, con más de un millón de habitantes y constituyendo uno de los principales atractivos turísticos del país.

Palacio de Congresos de Marrakech
Al igual que Fez y las otras ciudades imperiales, Marrakech se encuentra dividida en dos partes: la Medina o ciudad vieja y la ciudad nueva, construida en la época de la colonización francesa y en continuo crecimiento. Sin embargo, un elemento domina ambas partes de la ciudad y es el característico color rojo de sus edificios. Según cuentan, un reputado oculista recomendó que los exteriores de todos los edificios fueran de ese color, pues el blanco tenía un efecto casi cegador debido a la intensidad de la luz solar en aquella zona del país. No sé cuánto de cierto hay en ello, pero no deja de ser bastante probable.

Mi intención en esta entrada no es otra que realizar una pequeña descripción de los rincones más cautivadores, acercar al lector a esta espectacular ciudad, pero la magia y el encanto de Marrakech no se puede describir con palabras, se quedarían cortas porque Marrakech es en sí misma una experiencia única. 


Comenzamos esta "visita" a la ciudad marroquí por los Jardines de La Menara. Situados a las afueras de Marrakech, los jardines deben su nombre a la pequeña pirámide verde del tejado del pabellón, el cual se construyó en el siglo XVI, durante la dinastía Saadí. Junto al citado pabellón hay un gran estanque cuya función es permitir el riego a los jardines y huertos. Los jardines están constituidos por una amplia extensión de olivos a ambos lados de un paseo que da acceso al pabellón, detrás del cual pueden contemplarse las montañas del Atlas. Por desgracia, cuando yo fui era muy temprano y la niebla impidió que pudiera disfrutar de esa panorámica, de modo que adjunto una foto descargada de Internet, ya que en las mías no se aprecian las montañas del Atlas.




Pabellón de La Menara

A continuación atravesamos los muros de la ciudad para adentrarnos en la medina, parte antigua de Marrakech, la cual ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1985. La medina encierra una serie de callejuelas laberínticas, dentro de las mismas se encuentran otra serie de monumentos como el  Museo de Marrakech, la madraza de Ben Youssef, el Palacio Real (que no está abierto al público), las ruinas del Palacio Badi, las tumbas Saadíes o el Palacio de la Bahia.


Interior del Palacio de la Bahía
En el norte del barrio judío (Mellah) se encuentra el Palacio de la Bahia, de 8 hectáreas de superficie y más de 150 habitaciones. El palacio fue mandado construir por un visir de la corte real a finales del siglo XIX y está dedicado a su favorita de entre sus cuatro esposas y veinticuatro concubinas; precisamente, el término "bahia" significa bella.

Sólo puede visitarse una parte del palacio, pues el resto pertenece a la familia real. Si embargo, merece la pena hacer una parada para contemplar sus maravillosos jardines y la decoración interior de las distintas estancias. Personalmente, los techos son dignos de admirar.





Habitación del visir (Palacio de la Bahía)

La plaza de Jamaa el Fna representa el centro neurálgico de la medina de Marrakech. Literalmente, su nombre significa plaza de las ejecuciones o de la muerte, lo cual hace referencia a las ejecuciones de infieles y delincuentes que se practicaban en la misma muchos años atrás. En la actualidad, esta plaza irregular, de la cual parten callejuelas que se pierden por toda la medina, es sin duda uno de los mayores atractivos de la ciudad. Durante el día, hace las funciones de mercado con sus vendedores ambulantes de zumo de naranja y de frutos secos; también se pueden encontrar a los personajes más diversos como  tatuadoras de henna, encantadores de serpientes, monos...

Jamaa el Fna
Sin embargo, es por la noche cuando la plaza de Jamaa el Fna alcanza todo su explendor. El escenario se transforma completamente y los vendedores ambulantes dejan paso a una serie de chiringuitos donde se puede disfrutar de las más diversas comidas. La plaza se convierte  entonces en un espectáculo visual y auditivo donde se dan cita contadores de historias, adivinas, músicos...dar un paseo alrededor de la plaza sintiendo cómo el ritmo de los timbales   se introduce en cada fibra de tu cuerpo es una experiencia única.

Como recomendación, no se puede dejar Marrakech sin subir a una de las numerosas terrazas que rodean Jamaa el Fna a tomar un delicioso té de menta y disfrutar de estas vistas.

Abandonando Jamaa el Fna, tomamos una  de las callejuelas para introducirnos de lleno en uno de los mejores "centros comerciales": el zoco. No hace falta ser un consumista para dejarte seducir por la gran cantidad de productos de artesanía que se ofrecen. Puedes pasarte horas paseando por las callejuelas (no tan laberínticas como las de la medina de Fez). Aunque al principio cueste un poco, regatear se puede convertir en una actividad muy entretenida...eso sí, la mayoría de las veces te quedas con la sensación de haber pagado más de lo que en realidad valía en producto en cuestión. Como consejo a la hora del regateo: si verdaderamente estáis interesados en una cosa, pero no queréis pagar lo que os piden, salid del puesto; si realmente el comerciante tiene un beneficio con la venta, os aseguro que os perseguirá y aceptará vuestro precio. Si no lo hace es porque verdaderamente no le interesa, de modo que por mucho que lo hubierais intentado, no habría bajado de precio.


Zoco

Otro de los edificios más representativos de Marrakech es la Mezquita de la Koutoubia. Como la mayoría de las mezquitas, su visita está prohibida a los no musulmanes, pero esto no impide contemplar su belleza arquitectónica, aunque tenga que limitarse al exterior. La mezquita se localiza muy cerca de la plaza de Jamaa el Fna y también a unos pocos minutos de la Avenida Mohamed V, la más importante de la zona nueva.

Koutoubia
Koutoubia
Lo más característico de la mezquita es su alminar, construido a finales del siglo XII y tomado como base para la Giralda de Sevilla y la Torre Hasan de Rabat, de modo que se dice que las tres torres son "hermanas gemelas".







Para concluir esta visita, me gustaría describir uno de los lugares que, junto a la plaza de Jamaa el Fna, más me han cautivado y sorprendido, esta vez, en la zona nueva de la ciudad. Se trata de los Jardines Majorelle, que bien podrían definirse como un oasis de luz y color. Siguiendo con la tradición árabe de sencillez en el exterior y lujo interior, el visitante no puede hacerse una idea de lo que esconden los muros del Jardín Majorelle hasta que atraviesa sus puertas.

Jardín Majorelle
Memorial Yves Saint Laurent
La casa fue construida originariamente en década de los 20 por el pintor francés Jacques Majorelle (1886-1962). En los años 60, la propiedad fue descubierta por el famoso diseñador Yves Saint Laurent, el cual compró la villa en 1980, salvando la misma de un proyecto hotelero que hubiera supuesto su completa desaparición. Las cenizas de Yves Saint Laurent se encuentran esparcidas en el jardín, el cual cuenta también con un memorial compuesto por una columna romana procedente de Tánger.








Siendo consciente de todo lo que dejo en el tintero, sólo me resta despedirme y recomendar a todo el mundo una visita a Marrakech, considero que es uno de los lugares a los que hay que ir, al menos, una vez en la vida. Cada viaje es único e irrepetible y Marruecos es una de las experiencias que nadie debería perderse.

Un saludo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Una de literatura: Norte y Sur de Elizabeth Gaskell

He de comenzar por una breve biografía de la autora, Elizabeth Gaskell (1810-1865). Novelista inglesa de la época victoriana, conocida por el rigor de su investigación, la observación compasiva de sus personajes y la fluidez de su estilo narrativo. Elizabeth Stevenson nació en Chelsea (Londres), vivió en distintas partes de Reino Unido durante su juventud, entre ellas Edimburgo, y se trasladó a Manchester cuando se casó, en agosto de 1832, con el clérigo William Gaskell. La ciudad industrial de Manchester le sirvió de inspiración para sus novelas.



Amiga de Charles Dikens, Gaskell colaboró en la revista del citado autor (Household Words), donde se publicaron algunas de sus novelas. Entre sus obras cabe destacar su trabajo como biógrafa de su amiga y también genial autora Charlotte Brontë (Jane Eyre).


Para el que quiera más información, recomiendo consultar la "wikipedia", pues mi intención no es más que proporcionar una sucinta presentación de la autora de una gran novela, como es Norte y Sur.


Norte y Sur: Argumento

Margaret Hale, hija de un clérigo de clase media, vive en el sur de Inglaterra con su familia, acostumbrada a una vida tranquila en el campo. Sin embargo, todo cambia cuando su padre decide trasladar a su familia al norte, a Milton, una ciudad industrial, sucia, ruidosa y con unos habitantes de bruscos modales.


John Thornton, director de las Fábricas Marlborought, que producen tela de algodón, y magistrado de la ciudad, es un hombre rudo, pero con buen fondo y gran corazón, que se ha forjado su fortuna a base de un duro trabajo. 


Cuando ambos se conocen, Margaret no puede evitar sentir un gran desprecio por el empresario, pues sus formas de pensar y caracteres son totalmente opuestos. No obstante, el transcurso del tiempo y los infortunios que los protagonistas deben superar, producirá que la opinión que cada uno tiene del otro vaya cambiando paulatinamente.



La revolución industrial aparece como marco de esta novela. La situación del proletariado, la miseria de los obreros de la fábricas y de sus familias, el nacimiento de los derechos de los trabajadores, huelgas y reivindicaciones por unas mejores condiciones laborales comparten protagonismo en esta obra.







He de confesar que, antes de leer la novela, vi la miniserie de la BBC basada en la misma. Fue tanto mi encanto por esta historia que busqué la obra de Gaskell hasta que la conseguí y terminé de leerla hace algunos días. Aún hoy tengo cierta tristeza por haber llegado al final y tenerme que "despedir" de la tierna historia de amor entre la señorita Margaret Hale y el señor Thornton, pues la verdad es que contiene algunos momentos de gran intensidad emocional, que permanecerán en mi recuerdo.

El único punto negativo que encuentro en la novela es el marcado carácter religioso de algunos discursos. Obviando lo anterior, cabe remarcar que no se trata sólo de una historia de amor, sino que además, está perfectamente enmarcada en la revolución industrial y en la lucha del movimiento obrero y el sindicalismo, representado fundamentalmente a través del personaje de Nicholas Higgins, un obrero con gran inteligencia, aunque con la poca cultura  que su clase le ha permitido adquirir, que lucha por unos salarios y condiciones de trabajo justos y dignos. 

Me gusta la relación de antagonismo y amistad que se desarrolla entre Higgins y Thornton (obrero y patrón), pues cuando logran superar sus diferencias, consiguen ganarse el respeto mutuo y demuestran que escuchando a la otra parte, entendiendo sus motivaciones, es posible llegar a un acuerdo. 

Volviendo a la historia de amor, es una de las clásicas historias románticas de una gran sensibilidad. Un tierno amor a la inglesa, marcado por la frialdad aparente y las buenas maneras, que esconden unos elevados sentimientos. Podría decirse que se trata de un amor/odio, pero no sería del todo exacto...más bien, amor/indiferencia. Aunque tampoco quiero ahondar mucho en el argumento para no desvelar más de la trama al que pueda estar interesado.

Como adelantaba anteriormente, la novela ha sido adaptada para la televisión en una miniserie de la BBC. Yo tuve la suerte de verla por pura casualidad, en una de esas tardes en las que tienes muchas cosas que hacer pero pocas ganas y, de repente aparece en la programación una de estas películas, que hacen que te quedes en el sofá hasta media tarde.

La serie capta la esencia de esta historia y la eleva a su máximo exponente. Puedo afirmar que, por primera vez, me gusta mucho más la adaptación televisiva que el libro (teniendo en cuenta todo lo que me ha gustado la novela). La "culpa" de ello la tienen exclusivamente sus protagonistas: Daniela Denby-Ashe y Richard Armitage (Margaret Hale y John Thornton, respectivamente). La química entre ellos es patente desde la primera secuencia juntos. Ambos logran una magnífica interpretación, cargada de emoción y sentimiento. Realmente, Richard Armitage consigue que te enamores del señor Thornton, todavía más si cabe. Se trata de una de esas ocasiones en las que una mirada expresa más sentimiento que toda una hora de palabrería.

Además, como en todas las series de la BBC, la ambientación histórica es perfecta, siempre cuidada hasta el último detalle, lo cual dota a las producciones británicas de un gran realismo. En esta ocasión, el paisaje industrial de la ciudad de Milton (localización de la novela) se corresponde en la serie con Edimburgo. Quien haya leído mi anterior entrada sobre la capital escocesa comprenderá cuál fue mi alegría al reconocer como escenario esta ciudad.

En la adaptación podemos encontrar algunas secuencias que no aparecen en la novela, aunque en mi opinión, hacen más fuerte esta historia y para nada son contrarias al espíritu de la obra de Gaskell, sino que contribuyen al mejor entendimiento del carácter de los personajes.



Finalmente, quiero concluir recomendando a todo el mundo que lea esta novela o simplemente vea la miniserie de la BBC, tanto si eres un romántico como si no, pues vas a disfrutar de una gran historia. Para quien tenga intención de hacer ambas cosas, mi recomendación es leer primero el libro y dejarse sorprender por la película. Simplemente añadir que, a los románticos empedernidos como yo, no os defraudará.

Un saludo.









miércoles, 7 de marzo de 2012

Ciudades Imperiales de Marruecos (I): Fez

"Marruecos es un país de contrastes" es una de las frases que repite hasta la saciedad el guía turístico; sin embargo, es la única forma de resumir en pocas palabras el panorama de nuestro país vecino. Contrastes entre la medina y la parte nueva de las ciudades, totalmente occidental en cuanto a arquitectura se refiere; contrastes en el clima y los fenómenos meteorológicos; pero, sobre todo, contraste entre tradición y modernidad, lo antiguo y lo nuevo se mezclan en Marruecos logrando una conmixtión plenamente armónica.

Son muchos los prejuicios que desde España se tienen hacia Marruecos y sus habitantes, pero basta una corta estancia en el país para percibir cuán equivocados estamos. En primer lugar, quiero destacar la gran amabilidad y hospitalidad de sus gentes, siempre dispuestos a ofrecerte  un delicioso té de menta y con una sonrisa a la hora de atenderte. Esto es algo que he podido comprobar por mí, pues al saludar a cualquiera con "Salam aleikum" siempre respondían  con una sonrisa sincera. 


En segundo lugar, también me gustaría hacer mención a la situación de la mujer. Sólo he pasado allí unos pocos días, por lo que puede que mi opinión no se corresponda al cien por cien con la realidad, pero he de remarcar que en ningún momento me he sentido discriminada o rechazada a la hora de relacionarme con alguien del género masculino, ya sea para regatear con un comerciante, hablar con un camarero o preguntar una dirección a un policía. Por otro lado, he podido ver a mujeres que iban a la universidad, algunas con velo y otras sin él. De hecho, la guía turística de la ciudad de Marrakech era, precisamente, una mujer. Ella nos habló de las razones por las que llevaban el velo, entre las cuales se encuentran tanto la religión, la tradición o incluso la moda (el velo que sólo cubre el cabello, el niqab o el burka son propios de creencias más fundamentalistas y eso ya es harina de otro costal, sobre lo que no quiero pronunciarme en este momento). Lo que quiero poner de relieve con esto es que, aunque aún no haya alcanzado la mujer la misma libertad e independencia que en Occidente, se está avanzando en ello.


Tras esta pequeña introducción, me gustaría hablar de las dos principales ciudades en las que se ha centrado mi visita: Fez y Marrakech.


Localizada en el norte de Marruecos, la ciudad de Fez es la tercera del país, con casi un millón de habitantes. Es una de las cuatro ciudades imperiales, junto a Marrakech, Mequinez y Rabat. Fue fundada en el año 789 y cuenta con la universidad más antigua del mundo, que data del año 859, cuyos principales estudios son los religiosos.


Claro ejemplo del país de contrastes que es Marruecos, la ciudad de Fez se encuentra dividida principalmente en tres partes, la medina, el barrio judío y la zona nueva, con grandes avenidas al estilo occidental.



Vista panorámica de la medina de Fez
Sin duda alguna, es la medina la que se lleva toda la atención del viajero, siendo la más antigua de Marruecos, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981. Pasear por la medina es toda una experiencia que te transporta siglos atrás, casi a la Edad Media, gracias a sus callejuelas laberínticas, abarrotadas de gente, a sus comercios de artesanía, las especias e incluso carnicerías en las que puedes encontrar gallinas vivas...el turista tiene la sensación de viajar en el tiempo. Forma parte de su encanto el escabullirte de los comerciantes, que te persiguen allá donde vayas con sus ofertas...en ese aspecto hay que armarse de paciencia y, si no tienes intención de comprar, es mejor no mostrarse interesados en ningún producto, puesto que perderás tu tiempo y el suyo.


Puertas del Palacio Real
Dentro de la medina se encuentran diversos barrios artesanos, entre los cuales podemos citar los carpinteros, alfareros, curtidores de pieles o trabajos de bronce.









Una de las visitas obligadas en el interior de la medina es la Madraza (en Fez hay tres). Una madraza es una escuela donde se enseña el Corán y todas las asignaturas clásicas del conocimiento: matemáticas, gramática, historia, astronomía, medicina. Las siguientes fotos se corresponden con la Madraza Bou Inania, construida entre 1350 y 1357, siendo la más grande de Fez, que también cuenta con una mezquita.







Otra de las visitas imprescindibles de la medina de Fez es el barrio de los Curtidores, como avanzaba en un párrafo anterior. Es una de las zonas más famosas y visitadas de Fez, ya que allí se encuentran las célebres curtidurías donde se lleva a cabo todo el proceso de transformar las pieles animales en productos de marroquinería. Para ello se sigue un proceso tradicional, consistente en varias etapas en las que se remojan, lavan y frotan las pieles para conseguir que quede un producto imputrescible y suave. Sin embargo, el olor es demasiado intenso, por lo que se proporciona al visitante una ramita de hierbabuena para "engañar" al olfato. A pesar del hedor, la vista merece la pena y resulta un bonito espectáculo.



Mi visita a la ciudad de Fez fue bastante breve, aunque suficiente para captar su belleza, de modo que recomiendo a todo el que esté interesado en viajar a Marruecos que dedique al menos un día para visitar su medina, la experiencia es única.


Quiero despedirme con esta bella imagen de los curtidores y en la próxima entrada contaré mi experiencia en la otra gran ciudad imperial: Marrakech. Desde aquí avanzo que se trata de una urbe que no deja a nadie indiferente.

Un saludo

sábado, 18 de febrero de 2012

Mi reino por un caballo: War Horse

El lunes pasado acudí al cine para ver la nueva obra del Rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg. Aunque en ocasiones me ha defraudado, como con La Guerra de los Mundos (un fallo lo tiene cualquiera), he de reconocer que es uno de mis directores favoritos, sobre todo cuando se trata de películas épicas.

War Horse (Caballo de Batalla) está a la altura de otros filmes bélicos del autor como Salvar al Soldado Ryan o La Lista de Schindler, de hecho en algún reportaje se han referido a la película como "Salvar al Soldado Joey" (Joey es el nombre del caballo, para quien aún no la haya visto).


War Horse es una adaptación de la novela infantil de Michael Morpurgo, en la cual los caballos narran la historia en primera persona (que no en la versión fílmica). La novela ha sido previamente llevada al teatro en Londres y este año llegará a Broadway.


La historia comienza en los años previos a la Primera Guerra Mundial, en un pequeño poblado de Inglaterra. Una familia de granjeros compra un potro en una subasta, a pesar de no tener recursos para pagarlo y de que el caballo no es lo que necesitan para trabajar en la granja; pero su hijo Albert está decido a domarlo y enseñarlo, de modo que gracias a la tozudez de ambos (chico y caballo), consiguen que el equino sea de utilidad en la granja. Ambos se hacen inseparables, pues Joey es un animal excepcional, pero las dificultades económicas por las que atraviesa la familia, a punto de perder sus tierras y su casa, obligan al padre a vender al caballo al ejército británico, justo cuando estalla la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Durante la contienda, Joey se convierte en un héroe, conmoviendo a todos aquéllos con quienes se va topando, gracias a sus excepcionales cualidades...y no puedo contar nada más sin destripar el argumento de la película, de modo que quien quiera saber más... que vaya al cine.



Hay que tener en cuenta que se trata de la adaptación de una novela infantil, por lo que la guerra no está tratada con la crudeza habitual de otras películas del género, por ello no creo que debamos ser duros al juzgarla en este aspecto. Sin embargo, Spielberg ha sabido transmitir al espectador el desgarrador efecto de la guerra, poniendo de manifiesto la cantidad de caballos que murieron en la misma, cifras a las que no se le había dado relevancia hasta el momento. Es normal que se utilizaran caballos como animales de carga para transportar la artillería o incluso en las propias batallas...pero aún así, resulta un tanto impactante el poco aprecio de algunos por la vida de otro ser vivo. 

Cabe destacar que todos los caballos utilizados en la película son de verdad, aunque Spielberg encargó un caballo animatrónico para las secuencias especialmente peligrosas. Ningún caballo resultó herido en el plató, pues para cuidar de los mismos participaron domadores de Australia, España y Estados Unidos, así como un equipo de mozos de cuadra, adiestradores, trasnportistas y un veterinario, todos ellos bajo supervisados por Barbara Carr, de la Asociación Americana Protectora de Animales, para que los caballos estuvieran siempre a salvo.

Los paisajes son otro protagonista de la película. El film se rodó en el Parque Nacional de Dartmoor en South Devon, en el pintoresco Castle Combe (un pueblo medieval en Reino Unido) y en Wisley Airfield, un campo de maniobras militares abandonado de la Segunda Guerra Mundial.


En cuanto a los actores, Spielberg ha contado con un actor totalmente desconocido para el personaje de Albert, Jeremy Irvine (20 años), que se crió en un pequeño pueblo inglés como el protagonista de esta película, y que gracias a este papel se ha convertido en una joven promesa del cine. Se encuentran también en el reparto Emily Watson y Peter Mullan, que interpretan a los padres de Albert. También cabe hacer mención a la intervención (breve pero intensa, podría decirse) de Benedict Cumberbatch, que arrasa con la serie de la BBC Sherlock y que en la película interpreta el papel de Mayor Stewart.






Quiero recoger en esta entrada alguna de las críticas de los medios acerca de esta película, principalmente, porque coincido con la opinión de sus autores.
  • "Es un viaje emocional, a pleno galope." (Peter Travers: Rolling Stone). 
  • "Atrevidamente emocional, con sentimientos desnudos, 'War Horse' tan sólo dejará intactos los corazones de piedra." (Richard Corliss: Time). 
  • "Spielberg (...) es el mejor realizador de películas infantiles de la historia. Su capacidad para evocar la sencillez, el asombro, la belleza y el amor incondicional son su fuerte y su visión de 'War Horse' es una fábula magnífica, majestuosa (...) Puntuación: **** (sobre 4)" (Kyle Smith: New York Post). 
  • "Una película extraordinaria, sobrecargada de fuerza y energía, donde el cineasta revela pleno dominio de su elocuencia expresiva" (Jordi Costa: Diario El País)
  • "Majestuosa, épica, emocionante, y, en el mejor sentido de la palabra, una gran película clásica (...) Spielberg vuelve a tocar hondo y dentro al espectador (...) Puntuación: ***** (sobre 5)" (Carmen L. Lobo: Diario La Razón). 
  • "El formalismo del cineasta alcanza cotas de majestuosidad sencillamente apabullantes en un trabajo que apela a la memoria cinéfila para reivindicar la inocencia en tiempo de guerra (...) Puntuación: **** (sobre 5)" (Noel Ceballos: Fotogramas). 


En cuanto a mi opinión personal, creo que ha quedado suficientemente reflejado que me gusta la película. Desde pequeña me han encantado los caballos, y los animales en general, por lo que no es de extrañar que War Horse haya llegado a conmoverme. Puedo casi asegurar que a cualquiera que le gusten los animales va a disfrutar con esta película.  





El filme tiene todos los ingredientes para pasar un buen rato en el cine: un buen argumento, grandes interpretaciones (caballo incluido), una buena banda sonora firmada por John Williams y la suficiente dosis de sensiblería, que no llega a ser empalagosa; con una cierta moraleja, pues se destacan valores como la amistad, la nobleza o el coraje, tan necesarios y tan olvidados en nuestros días. Coincidiendo con la crítica de Time: "Sólo dejará intactos los corazones de piedra".








Un saludo.